13 de diciembre de 2016

Mi pantalla, mi vida

Estoy enamorado de mi pantalla. Todas las mañanas me levanto y es lo primero a lo que acudo. Tan solo abrir los ojos, un haz de luz inunda mi mente con su bellísima y delicada forma.

No simplemente tengo una. Me encantan las pantallas. De todos los tamaños y formas. Algunas son alargadas, y otras estiradas. Las puedes ver de arriba a abajo, o de izquierda a derecha. Algunas las llevo en el bolsillo, otras en la muñeca, y otras las tengo encima de la mesa. Cada una tiene sus pros y sus contras. Las que llevo en el bolsillo o en la muñeca son muy livianas y cariñosas: les encanta que les toques y les mimes (o al menos eso creo). Por otro lado, las que tengo encima de la mesa son pesadas y algo serias (se molestan si las tocas), pero son mucho más grandes y propensas a querer entretenerte contándote alguna historia.

Si algo se, es que estoy harto de los amigos. Un amigo es altamente cambiante, y eso me produce miedo. ¿A quién le gusta escuchar a alguien que se queja, refunfuña, puede estar en contra tuya, o juzga a los demás a partir de su educación?

Las pantallas no te juzgan, simplemente te muestran su relación de una manera... iluminada. Son divertidas cuando quieres divertirte: ¡te muestran gatos haciendo todo tipo de tonterías!

Al fin y al cabo, siempre hacen lo que quieres. También te entienden cuando te ha dejado tu novi@: dicen que hay una película de Hollywood para compadecer cada tipo de relación rota. Cuando estás aburrido, te muestra las imágenes más impactantes que puedas haber visto en tu vida (hasta el momento): explosiones, disparos, coches saltando...

Cuando deseas algo intensamente, puede mostrarte películas también con personajes haciendo justamente lo que quieres que te ocurra a ti. Cuando tienes el libido alto (o la autoestima baja), puede hacer maravillas: te muestra a las personas más guapas y más sexys en todo su esplendor y naturaleza. Permiten recrear un ambiente íntimo y olvidarte de toda tu situación por momentos.

Me gustan mis pantallas. Cuando las miro durante mucho tiempo, suelo llorar (supongo que de emoción). Me rasco los ojos, y estos se empiezan a conmocionar y a ponerse rojos.

Me gustan mis pantallas. Cualquier cosa que quieres, ellas tienen.

Me gustan mis pantallas. Siempre hacen sentirme especial y único en este mundo.

Me gustan mis pantallas. Con ellas puedes ser futbolista, militar de élite, conductor de fórmula 1, piloto de naves espaciales, e incluso controlar la vida de los demás.

Me gustan mis pantallas. Me gustan mis pantallas... Me gustan... mis... panta... zzzZZZZZzzzzzzZ




Negro. Todo negro. No hay luz. No hay batería. No hay electricidad.




No hay pantallas. No soy especial y único en este mundo.
No siento. No existe nada. No existo.

Alguien me habla. No es una pantalla.

¿He aprendido a hacer esto? —pregunto a mi pantalla, sin respuesta—. ¿He aprendido a hacer esto? —me pregunto a mí mismo, sin querer—.

—Huy, ¡hola!... ¿Quién eres?— responde mi consciencia.


"Porque en el momento que alguien se queda solo, incluso por unos segundos, se pone ansioso, se aterra, se inquieta, busca un dispositivo." - Sherry Turkle


Recuerda. No es tu pantalla la que hace que vivas lejos de tu vida. Eres tú quien acude a ella en cada rato del cual tiene oportunidad tu consciencia de nacer (y no se la das). Sal a la calle y haz todo lo que tu pantalla creyó que te haría feliz simplemente enseñándotelo.

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