26 de diciembre de 2016

Infeliz productividad

Divenire - Ludovico Einaudi


“El enemigo más peligroso de la alegría es sin duda la excesiva valoración del minuto” - Herman Hesse


Tan acostumbrados estamos a ser productivos; a ver cómo construimos a nuestro alrededor, que dejar de hacer eso durante unas horas puede ser un agobio interminable. Decidir quedarnos en una posición "inanimada" y sin finalidad exacta puede hacernos sacar de nuestras casillas. ¿Por qué debo quedarme sin hacer nada?

Entonces es cuando ves una fotografía impactante. O escuchas una canción conmocionadora. Es entonces cuando calma nuestra mente y disfrutamos en profundidad de lo único que existe: ahora. Apreciamos todos los instrumentos y nos damos cuenta de todas las variaciones de tono, así como las emociones que esos sonidos se introducen de manera milagrosa en nosotros.

Una vez comprendido que la vida misma no tiene una finalidad o causa bien definida, ¿por qué aferrarnos a querer hacer las cosas siempre por algún motivo?

"Necesito estudiar para conseguir un trabajo". "Necesito trabajar para tener dinero". "Necesito tener dinero para comprarme un coche". "Necesito un coche para ir a trabajar". "Necesito trabajar para tener dinero". "Necesito tener dinero para...".

Parecemos un disco rallado que da vueltas en una dirección en la que no nos lleva a ningún sitio (tal vez a una mansión vacía de alma). Vivimos atareados en un constante quehacer para intentar olvidarnos de aquello a lo que aún no hemos conseguido resolvernos: que no todas las cosas tienen un por qué. ¿Por qué existimos?

Y lo mejor de todo es que esto no es infeliz. Disfrutar de una canción o de la belleza de un cuadro; o de la lectura de una aventura histórica aquellas cosas que pudieran parecer que no sirven para nada serán seguramente las que más nos produzcan felicidad en ciertos momentos de nuestras vidas.

Demos una oportunidad a rendirnos. Rendirnos a no hacer nada. Nada es necesario. Rendirnos a apreciar lo que tenemos. A observar la belleza en su estado natural. Pasear por los museos sin ningún motivo aparente. Pasear por nuestras vidas sin ningún motivo aparente.

¿Qué significado tiene nuestro trabajo cuando morimos? ¿Qué significado tiene todo lo que hayamos escrito o los likes que nos hayan dado en Facebook cuando hayamos muerto?

Rindámonos a dejar de luchar constantemente por hacer que nuestra información sea la más vista comparadas con otros. Dejemos de compararnos; todos somos iguales. ¿No morimos de la misma manera todos, al fin y al cabo?

¿Qué es la vida sino un caos de guerra cuando no somos conscientes que la vida y la muerte cae a todos de la misma manera?

La verdadera productividad en la vida empieza cuando todo esto lo tenemos asumido. ¿De qué sirve tener todo el dinero que queramos? Quiere, quiere, y quiere; sin darte cuenta de que podrías estar ahora mismo disfrutando de lo que tienes. Existir.



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