29 de noviembre de 2016

¡Hola! Soy yo, ¿y tú?

“No era solamente un ser humano, no era solamente una chica de quince años. Era Sofía Amundsen y sólo ella era eso” - El mundo de Sofía, Jostein Gaarden


Desde los tres primeros meses de vida decidí de manera innata dividir todo lo que conocía hasta el momento en dos cosas: yo y todo lo demás.

Hasta entonces todo lo que veía o sentía, simplemente era. La idea de propiedad y pertenencia sobre las cosas fue instaurándose paulatinamente como un patrón mental sobre la bases de esta primera separación y creación del yo.

Ese yo fue alimentándose a su vez de personalidad, una caja donde se añadían ideas que se identificaban con yo. Principalmente fueron añadidas ideas en las cuales mi consciencia en crecimiento y mi subconsciencia eligieron de todas las oportunidades que mi entorno me ofreció (a partir de una experiencia anterior o de un precepto genético utilizando este mismo patrón).

El sentido de identidad me permitió crecer y sobrevivir, pero a su vez inició una lucha entre ese yo y todo lo demás, e incluso entre mí, y yo. Eso causó en ocasiones algo de dolor e incomprensión. Y no significó que no necesitara a mi yo (ya que sin él no hubiera sobrevivido), sino que me dí cuenta de que yo no necesitaba identificarse con mí (al menos, de manera estricta), ya que... ¿qué era yo, al fin y al cabo? ¿Era aquella figura definida como superior o inferior a los demás por sus posesiones, conocimientos y habilidades? ¿Que mérito tenía ese yo tras ser un cúmulo de casualidades, genética, educación, experiencias, infancia, clase social, cultura y religión?

¿Quién era yo, entonces?...

Y tú, ¿quién eres?



Este blog también es parte de yo, Natán Verdés. Planteado desde la lejanía (y cooperando a relativizar todo), desde una galaxia no tan lejana llamada Andrómeda (o M31 para los amigos); así como también identificado con muchas partes de mí y mis emociones (porque al fin y al cabo, eso somos). El uso de la ironía no está descartado.

¿Por qué realizar este blog? —me pregunté a mí mismo—. La verdad es que muchas de las reflexiones a las que se afrontará este blog existen intrínsecamente dentro de mí, e incluso algunas de las que se publicarán han sido previamente escritas en un diario personal. Escribir tus propios pensamientos te ayuda de manera activa a organizar los mismos y, una vez comprobados que producen satisfacción, estos generan de forma natural el querer compartirlos con las personas a las que aprecias. ¿Y por qué no, mantener estos pensamientos abiertos a cualquier persona que quiera recibirlos?

Espero emplear mayoritariamente la primera persona como método de explicación por experiencia propia. Si alguna vez explico algún pensamiento de manera absoluta, recuérdense que sigo teniendo una mente igual de racional (e irracional) que las suyas. Quedan advertidos. Una vez explicado esto,

bienvenid@ a Consciencia Andrómeda.

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