12 de enero de 2017

Consciente de cagar

¿Te acuerdas de la última vez que fuiste consciente al cagar? Esa es, seguramente, la vez que olvidaste traer tu teléfono móvil al baño. En ese mismo instante, pudiera ser que te preguntaras: ¿Por qué estoy perdiendo el tiempo de esta manera?

Hacer nuestras necesidades fisiológicas es algo completamente natural y debido a ello una persona natural no lo consideraría como una pérdida de tiempo. Ahora bien, el hecho de ser personas que podemos realizar varias tareas a la vez y no estar aprovechando esta faceta durante nuestra evacuación pudiera llevarnos a pensar así.

Y está claro. Mientras realizamos tareas rutinarias, el uso de la multitarea puede hacernos ganar mucho tiempo, o estar distraídos mientras realizamos algo aburrido. Ahora bien, ¿se trata el acto de defecar una tarea rutinaria o aburrida?

Se trata de una tarea realizada entre 5 y 14 veces por semana. Juzgue el lector esta misma cuestión mientras se dispone sentado en su taza de váter: ¿Qué cosas interesantes podríamos realizar mientras estamos entretenidos con nuestras necesidades fisiológicas, alternativas al uso de nuestro dispositivo móvil?

¿Que tal observar las formas dibujadas en el papel que luego usaremos para limpiarnos el culo? Observar todo tipo de cosas (como papel de váter o el color de una pared) de manera consciente pueda llevarnos a crear inconscientemente emociones o incluso metáforas sobre algo en lo que hayamos estado pensando; pero eso lo podemos hacer en cualquier momento.

El momento en el que nuestros intestinos deciden avisarnos de que tenemos en nuestro cuerpo material que no necesitamos, tal vez sea una buena ocasión para escuchar a nuestro cuerpo. Pensar en las cosas que hemos comido y cómo se ha sentido nuestro estómago tras la ingesta ayudará a adaptar nuestra dieta mediante el uso de un método auténtico: la observación de nuestro cuerpo. ¿Me encuentro pesado..., como si llevara una carga? ¿Siento mi esófago algo irritado debido a algún problema de acidez? ¿Siento que no me ha sentado bien especialmente uno de los platos o ingredientes? O al revés: ¿Estoy contento por haber ingerido ese plato de ensalada, y no otros platos que se que no me sientan tan bien?

Durante el proceso: ¿Me está costando evacuar? ¿Realmente he ido al lavabo porque mi cuerpo me lo ha ido pidiendo de manera paulatina, o ha aparecido mediante una necesidad esporádica? ¿Esta necesidad esporádica pudiera venir de algo que no me ha sentado bien?

¿Siento que no me gusta cómo se comportan mis intestinos o me producen dolor? ¿Están haciendo demasiado rápido la digestión debido a algún nerviosismo que he interiorizado en el aparato digestivo? ¿Este nerviosismo es tan real como para necesitar que mi cuerpo realice la digestión de una manera rápida y contraproducente?

Analizar estas y muchas otras cuestiones en ocasiones será una mejor inversión de energías que tal vez el uso de una distracción momentánea que no nos aporte vitalidad a nuestra vida.

El equilibrio entonces pudiera llevar a comprender que para mejorar, divertirse y estar bien, no simplemente hay que analizar la información que proviene del exterior (como por ejemplo una noticia, un vídeo, o un feed de redes sociales), sino también la que proviene del interior, para hacer de nosotros, una persona más consciente, y feliz.

Ya de paso, aprovecho para recordar que la mejor postura para defecar en una taza es aquella en la que nos sentamos de cuclillas (imagen), y recomendar sin duda ampliar el conocimiento biológico para usar de la mejor manera nuestro cuerpo (y nuestro aparato digestivo).

¡Feliz evacuación!


Libro recomendado y recurso sobre el texto: La digestión es la cuestión (papel) (ebook)

3 de enero de 2017

Solo Uno

Esto es mío, esto es tuyo.
¿No es todo, al fin y al cabo, solo Uno?

Mis manos no son mías,
pues al fin y al cabo,
yo no hice nada para conseguirlas.

El esfuerzo no existe,
pues todo lo que crea,
siempre acaba convirtiéndose en polvo.

Los recuerdos, las relaciones,
la personalidad, los deseos,
los sentimientos, las pasiones,
los dolores... no existen;
pues los gusanos se los llevan,
mientras comen nuestras neuronas
en la tumba.

¡¿Qué soy entonces?! Ahora Uno.

26 de diciembre de 2016

Infeliz productividad

Divenire - Ludovico Einaudi


“El enemigo más peligroso de la alegría es sin duda la excesiva valoración del minuto” - Herman Hesse


Tan acostumbrados estamos a ser productivos; a ver cómo construimos a nuestro alrededor, que dejar de hacer eso durante unas horas puede ser un agobio interminable. Decidir quedarnos en una posición "inanimada" y sin finalidad exacta puede hacernos sacar de nuestras casillas. ¿Por qué debo quedarme sin hacer nada?

Entonces es cuando ves una fotografía impactante. O escuchas una canción conmocionadora. Es entonces cuando calma nuestra mente y disfrutamos en profundidad de lo único que existe: ahora. Apreciamos todos los instrumentos y nos damos cuenta de todas las variaciones de tono, así como las emociones que esos sonidos se introducen de manera milagrosa en nosotros.

Una vez comprendido que la vida misma no tiene una finalidad o causa bien definida, ¿por qué aferrarnos a querer hacer las cosas siempre por algún motivo?

"Necesito estudiar para conseguir un trabajo". "Necesito trabajar para tener dinero". "Necesito tener dinero para comprarme un coche". "Necesito un coche para ir a trabajar". "Necesito trabajar para tener dinero". "Necesito tener dinero para...".

Parecemos un disco rallado que da vueltas en una dirección en la que no nos lleva a ningún sitio (tal vez a una mansión vacía de alma). Vivimos atareados en un constante quehacer para intentar olvidarnos de aquello a lo que aún no hemos conseguido resolvernos: que no todas las cosas tienen un por qué. ¿Por qué existimos?

Y lo mejor de todo es que esto no es infeliz. Disfrutar de una canción o de la belleza de un cuadro; o de la lectura de una aventura histórica aquellas cosas que pudieran parecer que no sirven para nada serán seguramente las que más nos produzcan felicidad en ciertos momentos de nuestras vidas.

Demos una oportunidad a rendirnos. Rendirnos a no hacer nada. Nada es necesario. Rendirnos a apreciar lo que tenemos. A observar la belleza en su estado natural. Pasear por los museos sin ningún motivo aparente. Pasear por nuestras vidas sin ningún motivo aparente.

¿Qué significado tiene nuestro trabajo cuando morimos? ¿Qué significado tiene todo lo que hayamos escrito o los likes que nos hayan dado en Facebook cuando hayamos muerto?

Rindámonos a dejar de luchar constantemente por hacer que nuestra información sea la más vista comparadas con otros. Dejemos de compararnos; todos somos iguales. ¿No morimos de la misma manera todos, al fin y al cabo?

¿Qué es la vida sino un caos de guerra cuando no somos conscientes que la vida y la muerte cae a todos de la misma manera?

La verdadera productividad en la vida empieza cuando todo esto lo tenemos asumido. ¿De qué sirve tener todo el dinero que queramos? Quiere, quiere, y quiere; sin darte cuenta de que podrías estar ahora mismo disfrutando de lo que tienes. Existir.



20 de diciembre de 2016

¿Qué hace el polvo?

¿Qué hace el polvo? ¿El polvo pierde el tiempo? ¿El polvo es improductivo? ¿El polvo no camina hacia ningún sitio? ¿El polvo no aprovecha lo que tiene? ¿El polvo es antisocial? ¿El polvo es egoísta? ¿El polvo no es visto por nadie? ¿El polvo hace algo que no pueda ser compartido?

El polvo no hace nada, y lo es todo a la vez.

De polvo vinimos, y a polvo seremos.

¿Qué importa, entonces, en esta vida, cuando todo lo que conocemos (incluso lo que tenemos) sea polvo?

Maldita ilusión la del dinero. También la de los amigos. Incluso la de la família.

Porque polvo estaba, y polvo estará.



Trillones de trillones de moléculas se pusieron de acuerdo. Polvo eran, polvo no es. Permitieron crearte. Y sentir. Se alinearon los astros para que tú vivieras en este momento, rodeado de la NADA. Una línea infinita (la del tiempo) por ambos lados en la cual en una zona ínfima de ella estás tú. ¿Te has parado alguna vez a agradecer la existencia?

Millones de causas han tenido que ocurrir para que tú existas.

¿Lo disfrutas?

13 de diciembre de 2016

Mi pantalla, mi vida

Estoy enamorado de mi pantalla. Todas las mañanas me levanto y es lo primero a lo que acudo. Tan solo abrir los ojos, un haz de luz inunda mi mente con su bellísima y delicada forma.

No simplemente tengo una. Me encantan las pantallas. De todos los tamaños y formas. Algunas son alargadas, y otras estiradas. Las puedes ver de arriba a abajo, o de izquierda a derecha. Algunas las llevo en el bolsillo, otras en la muñeca, y otras las tengo encima de la mesa. Cada una tiene sus pros y sus contras. Las que llevo en el bolsillo o en la muñeca son muy livianas y cariñosas: les encanta que les toques y les mimes (o al menos eso creo). Por otro lado, las que tengo encima de la mesa son pesadas y algo serias (se molestan si las tocas), pero son mucho más grandes y propensas a querer entretenerte contándote alguna historia.

Si algo se, es que estoy harto de los amigos. Un amigo es altamente cambiante, y eso me produce miedo. ¿A quién le gusta escuchar a alguien que se queja, refunfuña, puede estar en contra tuya, o juzga a los demás a partir de su educación?

Las pantallas no te juzgan, simplemente te muestran su relación de una manera... iluminada. Son divertidas cuando quieres divertirte: ¡te muestran gatos haciendo todo tipo de tonterías!

Al fin y al cabo, siempre hacen lo que quieres. También te entienden cuando te ha dejado tu novi@: dicen que hay una película de Hollywood para compadecer cada tipo de relación rota. Cuando estás aburrido, te muestra las imágenes más impactantes que puedas haber visto en tu vida (hasta el momento): explosiones, disparos, coches saltando...

Cuando deseas algo intensamente, puede mostrarte películas también con personajes haciendo justamente lo que quieres que te ocurra a ti. Cuando tienes el libido alto (o la autoestima baja), puede hacer maravillas: te muestra a las personas más guapas y más sexys en todo su esplendor y naturaleza. Permiten recrear un ambiente íntimo y olvidarte de toda tu situación por momentos.

Me gustan mis pantallas. Cuando las miro durante mucho tiempo, suelo llorar (supongo que de emoción). Me rasco los ojos, y estos se empiezan a conmocionar y a ponerse rojos.

Me gustan mis pantallas. Cualquier cosa que quieres, ellas tienen.

Me gustan mis pantallas. Siempre hacen sentirme especial y único en este mundo.

Me gustan mis pantallas. Con ellas puedes ser futbolista, militar de élite, conductor de fórmula 1, piloto de naves espaciales, e incluso controlar la vida de los demás.

Me gustan mis pantallas. Me gustan mis pantallas... Me gustan... mis... panta... zzzZZZZZzzzzzzZ




Negro. Todo negro. No hay luz. No hay batería. No hay electricidad.




No hay pantallas. No soy especial y único en este mundo.
No siento. No existe nada. No existo.

Alguien me habla. No es una pantalla.

¿He aprendido a hacer esto? —pregunto a mi pantalla, sin respuesta—. ¿He aprendido a hacer esto? —me pregunto a mí mismo, sin querer—.

—Huy, ¡hola!... ¿Quién eres?— responde mi consciencia.


"Porque en el momento que alguien se queda solo, incluso por unos segundos, se pone ansioso, se aterra, se inquieta, busca un dispositivo." - Sherry Turkle


Recuerda. No es tu pantalla la que hace que vivas lejos de tu vida. Eres tú quien acude a ella en cada rato del cual tiene oportunidad tu consciencia de nacer (y no se la das). Sal a la calle y haz todo lo que tu pantalla creyó que te haría feliz simplemente enseñándotelo.

8 de diciembre de 2016

Introducción a la materia (oscura) llamada existencia

En algunas ocasiones pienso que este blog es absurdo. Simplemente, que existe demasiada información en la red y que la creación del mismo sería como una burda copia a contenidos mucho más interesantes y mejor estructurados.

Una vez alejado del prisma negativo típico de la dura competitividad de contenidos que existe en la red, no por ello pienso que parte de lo que escriba pueda ser debidamente aprovechado y en especial, como comenté en el primer post, ser contenido interesante para mí y para las personas más allegadas a mí o que simplemente prefieran contenidos explicados de una manera más personal.

Antes de entrar en materia profunda, me gustaría establecer y comunicar las bases de mi inspiración para el contenido próximo de este sitio. Principalmente también, para recomendarlas; en segundo lugar, para no quitarles su debido agradecimiento. Estas van a ser, por ahora:

The School of Life
Un canal de Youtube en inglés (con subtítulos en español) súper completo con muchísima información acerca de cómo vivir la vida, afrontarnos a algunas situaciones... Establece y enseña un tipo de psicología muy interesante y de una manera muy amena, con contenido audiovisual muy bien elaborado.

TED
Fantástica web de charlas, seguramente conocida por muchos. Sus puntos principales suelen ser la tecnología, aunque habla también de muchos ámbitos de la ciencia; en algunas ocasiones incluso sobre cultura y literatura. Pasan verdaderos eruditos de todos los ámbitos por este evento anual del que luego se publican los vídeos de manera gratuita en la red. Curiosamente, el nombre TED proviene de la sigla de "Tecnología, Entretenimiento, Diseño".

Código Nuevo
Web de aire más juvenil y menos pesado pero en la que se encuentran ideas muy interesantes y comunicadas de una manera bastante innovadora para mi gusto. Como ellos mismos se autoproclaman: "Código Nuevo nace de la ilusión y necesidad de ver la vida a través de un nuevo punto de vista. Nuestra misión es clara: inspirar e informar a la generación milenial a través de contenidos con los que se sientan identificados, tratando una gran variedad de temas desde la actualidad hasta el ámbito íntimo de la vida cotidiana".


Estoy muy contento de haberme topado con estos tres canales de información. Los agradezco de una manera brutal. Para terminar, no olvidarme de una excelente música de fondo que ayuda a la inspiración de la escritura de estas palabras:

Ludovico Einaudi - Compositor y pianista
Hans Zimmer - Compositor de bandas sonoras

Bueno, creo que ya me he desahogado suficiente. Ahora ya me siento con moral para poder comenzar... ¡Empecemos!

29 de noviembre de 2016

¡Hola! Soy yo, ¿y tú?

“No era solamente un ser humano, no era solamente una chica de quince años. Era Sofía Amundsen y sólo ella era eso” - El mundo de Sofía, Jostein Gaarden


Desde los tres primeros meses de vida decidí de manera innata dividir todo lo que conocía hasta el momento en dos cosas: yo y todo lo demás.

Hasta entonces todo lo que veía o sentía, simplemente era. La idea de propiedad y pertenencia sobre las cosas fue instaurándose paulatinamente como un patrón mental sobre la bases de esta primera separación y creación del yo.

Ese yo fue alimentándose a su vez de personalidad, una caja donde se añadían ideas que se identificaban con yo. Principalmente fueron añadidas ideas en las cuales mi consciencia en crecimiento y mi subconsciencia eligieron de todas las oportunidades que mi entorno me ofreció (a partir de una experiencia anterior o de un precepto genético utilizando este mismo patrón).

El sentido de identidad me permitió crecer y sobrevivir, pero a su vez inició una lucha entre ese yo y todo lo demás, e incluso entre mí, y yo. Eso causó en ocasiones algo de dolor e incomprensión. Y no significó que no necesitara a mi yo (ya que sin él no hubiera sobrevivido), sino que me dí cuenta de que yo no necesitaba identificarse con mí (al menos, de manera estricta), ya que... ¿qué era yo, al fin y al cabo? ¿Era aquella figura definida como superior o inferior a los demás por sus posesiones, conocimientos y habilidades? ¿Que mérito tenía ese yo tras ser un cúmulo de casualidades, genética, educación, experiencias, infancia, clase social, cultura y religión?

¿Quién era yo, entonces?...

Y tú, ¿quién eres?



Este blog también es parte de yo, Natán Verdés. Planteado desde la lejanía (y cooperando a relativizar todo), desde una galaxia no tan lejana llamada Andrómeda (o M31 para los amigos); así como también identificado con muchas partes de mí y mis emociones (porque al fin y al cabo, eso somos). El uso de la ironía no está descartado.

¿Por qué realizar este blog? —me pregunté a mí mismo—. La verdad es que muchas de las reflexiones a las que se afrontará este blog existen intrínsecamente dentro de mí, e incluso algunas de las que se publicarán han sido previamente escritas en un diario personal. Escribir tus propios pensamientos te ayuda de manera activa a organizar los mismos y, una vez comprobados que producen satisfacción, estos generan de forma natural el querer compartirlos con las personas a las que aprecias. ¿Y por qué no, mantener estos pensamientos abiertos a cualquier persona que quiera recibirlos?

Espero emplear mayoritariamente la primera persona como método de explicación por experiencia propia. Si alguna vez explico algún pensamiento de manera absoluta, recuérdense que sigo teniendo una mente igual de racional (e irracional) que las suyas. Quedan advertidos. Una vez explicado esto,

bienvenid@ a Consciencia Andrómeda.